Rolex, la joya de la corona

Rolex, epítome máximo de la relojería moderna, se ha convertido en una de las firmas más codiciadas del mundo.

Rolex, la joya de la corona

El estatus de Rolex en el mundo de la relojería y su identidad única de marca derivan directamente de una tradición cuyos ejes fundamentales son la pasión por la innovación y una búsqueda constante de excelencia. Esta historia, una fascinante sucesión de logros que combina brillantes ideas del ser humano con impensables desarrollos de ingeniería, ha dado como resultado los guardatiempos más codiciados y legendarios del mundo.

CINCO LETRAS

En 1908, previo a la fundación oficial de la marca [1920], Hans Wilsdorf inventó el nombre Rolex para firmar sus creaciones. Quería uno que fuera fácil de recordar, que se pronunciara igual en todos los idiomas y que se inscribiera con armonía sobre la esfera y el movimiento del reloj. La leyenda de estas cinco letras llega finalmente a El Palacio de Hierro. Te invitamos a que la descubras.

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En las cuatro sedes de Rolex en Suiza, cientos de científicos e ingenieros desarrollan cada una de las piezas de la firma.

HANS, EL VISIONARIO

Nacido en Baviera, Alemania, Hans Wilsdorf comenzó su aventura relojera a principios del siglo XX en una época en la que los relojes de bolsillo eran la norma. Él se percata del gran interés por las piezas de pulsera, de las que si bien ya existían algunos modelos, éstos eran, desde su punto de vista, imprecisos. Además, aún se consideraban como una joya esencialmente femenina. Su firme creencia de que los relojes de pulsera serían una pieza indispensable, tanto para hombres como para mujeres, así como su genial visión tecnológica, lo convertiría en uno de los padres de la relojería moderna. Tras una serie de proyectos y empresas creadas en Londres, Wilsdorf se establece definitivamente en Ginebra, donde, en 1920, funda Montre Rolex S.A. La cercanía con sus proveedores en Biena, Suiza, le permitiría en solo unos años desarrollar la que es sin duda una de las piezas de la relojería moderna más fascinantes: el Oyster.

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Hans Wilsdorf, fundador de Rolex.

EL PRIMERO

En 1926, los avances tecnológicos logrados por Hans Wilsdorf dan sus frutos con la invención del Rolex Oyster, el primer reloj de pulsera hermético del mundo. Gracias a su caja, dotada con un inteligente sistema de bisel, y un fondo y corona enroscados, ofrece una óptima protección del movimiento. Las diminutas rayas en el bisel (conocidas como estrías), así como la forma acanalada del fondo de la caja, responden a consideraciones funcionales, cuyo fin último es el enroscado perfecto de cada una de sus partes, la cual se logra gracias a una herramienta muy específica inventada por Rolex. Esto le confiere al guardatiempos su identidad visual y personalidad únicas. En la actualidad, y gracias a invenciones posteriores, el bisel del Oyster ya no va enroscado a la caja y solo algunos modelos conservan las estrías características del primer modelo, lanzado hace 90 años.

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Izquierda: el primer modelo Oyster (1926). Derecha: el Oyster Perpetual.

ETERNIDAD

El rotor Perpetual, el movimiento que da vida a todo Oyster, fue desarrollado y patentado por la firma en 1931 y ha marcado un hito en la historia de la relojería moderna. Al captar la energía generada por cualquier mínimo movimiento de la muñeca, el sistema de cuerda automática le da vida para que los “latidos” que lo mueven no se detengan jamás. Para Rolex, esto constituye, de una forma muy poética, un vínculo directo y personal entre el usuario y su reloj.

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CAJA DE PANDORA

Una media luna que oscila libremente sobre su eje, a veces oculto por ella, y un módulo de cuerda que deja ver las famosas ruedas de inversión con su característico color rojo, hacen del interior del rotor Perpetual una verdadera maravilla del mundo moderno y total un objeto del deseo.

NO TODO ES RELOJES

Pionera en temas de patrocinio, Rolex se ha dedicado, desde sus primeros años de existencia, a apoyar las artes, los deportes, la educación y diversas causas filantrópicas. En 1927, un año después de la creación del Oyster, el primer reloj a prueba de agua, Hans Wilsdorf equipó a la nadadora Mercedes Gleitze con una de estas piezas en su hazaña de atravesar el canal de La Mancha —después de más de 10 horas en el agua, el reloj emergió intacto—. La compañía y la atleta, quien terminó el recorrido, se convirtieron en noticia mundial. A mediados de los cincuenta, Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay fueron los primeros exploradores en lograr la cima más alta, hasta ese momento, del Everest. Ambos llevaban consigo un Oyster Perpetual. En la actualidad, diversos atletas y artistas, así como competencias deportivas, recintos artísticos y los más intrépidos excursionistas forman parte de la distinguidísima familia Rolex.

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