Su majestad Carmen Dell’Orefice

Carmen Dell’Orefice es dueña de una belleza imponente y una trayectoria única que ha compartido con clase, porte y estilo. Conversamos con ella durante su visita a México para realizar la más reciente campaña de El Palacio.
Carmen Dell'Orefice

Carmen Dell’Orefice fotografiada por David Roemer para la campaña de El Palacio de Hierro Polanco (2015).

Actualmente, eres la modelo en activo con mayor edad en la industria. A lo largo de tu vida y tu carrera, por lo menos tres generaciones te han visto en un sinfín de portadas de revistas, editoriales, campañas y pasarelas. Has conocido a grandes personalidades del mundo de la moda, el arte y la política. ¿Cómo te sientes ahora?

Mi trayectoria ha sido un enorme privilegio para mí. Soy modelo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En octubre de 1945, posé por primera vez en mi carrera para Harper’s Bazaar, aunque las fotografías fueron publicadas hasta la primavera del 46. Así que llevo 70 años trabajando en una profesión que siempre he adorado y en la que me he divertido mucho; en la que he tenido grandes retos e importantes oportunidades. Ha sido una maravillosa aventura, con extraordinarios personajes, compañeros en este viaje. ¡Qué mejor manera de vivir la vida! Tengo 84 años, buena salud y aún conservo un buen sentido común. He hecho las cosas a mi manera, lo cual ha sido un gran desafío, porque algunas veces he tenido que resistirme a la tentación de participar en proyectos que desde el exterior se veían bien, pero mi instinto me decía: “¡retrocede!”. Al final, la mayor parte de las veces no me he equivocado en las elecciones que he tomado. Aunque suene muy cliché, siempre he aprendido de mis errores.

¿Hay algo de lo que te arrepientas en este momento de tu vida?

No. Yo no vivo arrepentida y no tengo miedo de nada. Todo ha sido una extraordinaria aventura de la que he aprendido mucho. Incluso ahora.

¿Cómo comenzaste como modelo?

Por accidente. Un agente de modelos me vio en un autobús en Nueva York cuando me dirigía a la escuela y me ofreció un trabajo. Tenía tan sólo 13 años.

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Una de las primeras imágenes de Carmen tomada por Irving Penn para Vogue en 1946.

Antes de eso, ¿consideraste en algún momento dedicarte a esta profesión?

Nunca. Mi mamá fue una gran bailarina y yo seguía sus pasos. Estudié con un maestro que entrenaba al Ballet Russe. Por desgracia, tuve una fuerte fiebre reumática que me mantuvo enferma por más de un año. Esto fue antes de que existieran tratamientos efectivos. Hoy, si te infectas con ese virus, te inyectan penicilina y te recuperas. Fue difícil, pero siempre he sido una mujer fuerte y logré salir adelante. La natación me ayudó mucho. Un día, cuando nadaba, Ethelda Bleibtrey, una campeona olímpica, me vio. Ella le dijo a mi mamá: “Quiero hacer a su hija una nadadora, tráigala todos los días conmigo para entrenarla”. Mi madre por supuesto accedió. Pero después fui descubierta por el agente y comencé una larga carrera que continúa hasta la fecha.

¿Consideras que la industria ha cambiado mucho a lo largo de todos estos años?

Bueno, ¡imagínate!, cuando yo comencé era un lujo tener un radio o un televisor [risas]. Sin duda este es un mundo completamente distinto. Hoy, la comunicación entre las personas ha cambiado de forma radical. Los jóvenes utilizan las redes sociales para todo. Y aunque tengo una computadora y un iPad, mi vista no es la mejor y mis uñas son muy largas, así es que sí es un gran reto para mí utilizarlas [risas]. Aún así, sigo en pie y en activo. He mantenido mi carrera a flote y, aunque no vivo conectada, la gente puede contactarme. Por suerte, sigo respaldada por importantes agencias. Estuve con Eileen Ford desde 1947. Después, mi agente se fue de Ford Models, y yo con ella porque ya estábamos acostumbradas a trabajar juntas. En mi agencia actual se dedican a trabajar con las modelos jóvenes, pero a mí me han dado mi lugar y he sido una prioridad ahí. Mi agente ahora, Patty Sicular, me comentó en una ocasión: “sería bueno si pudiéramos comunicarnos por correo electrónico, pero voy a seguir haciéndolo por teléfono con usted” [risas]. Realmente me tratan muy bien.

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Fotografía utilizada para la primer portada de Vogue donde apareció Carmen (1947).

¿Cómo definirías tu personalidad?

No sabría definirla bien. Quizá podría decir que soy “un motón de pedazos flotando, todos de diferentes colores”. Sé lo que tengo que hacer en el día a día, pues entiendo bien cómo funciona este mundo. En general soy una persona muy normal, pago mi renta, mis impuestos, soy respetuosa de la ley. Cualquier cosa que sea gratis, no la quiero. Siempre he sido una mujer muy trabajadora y en todo momento me esfuerzo por conseguir lo que necesito. Nunca he obtenido nada de forma fácil. Entiendo lo que gano, lo que vale mi esfuerzo, lo que es una remuneración justa. Mi mayor caridad es hacer mi trabajo de la mejor forma. Soy honesta y para ser una persona pública, soy muy reservada. Pero, sobre todo, soy una mujer íntegra que disfruta de la vida.

¿Cuál consideras uno de tus mayores logros en tu extensa carrera?

Esta última campaña que estamos realizando para El Palacio de Hierro. Hasta ahora han sido más de 12 horas seguidas de trabajo y, a mis 84 años, eso es un gran logro. Siempre me esfuerzo por ser la persona que quiero y deseo ser y me gusta ser sumamente profesional, podría sólo haberme marchado cuando comencé a cansarme, pero eso no hubiera estado bien.

Hoy día eres una mujer muy conocida en México gracias a las campañas que has protagonizado con El Palacio de Hierro. ¿Cómo comenzó la relación con nosotros?

Fue gracias a Françoise Lavertu [directora de comunicación de El Palacio de Hierro]. Conocía bien mi trayectoria y en 2010, si no mal recuerdo, me contactó para participar en una de sus campañas. Ella consideró que mi belleza, porte y elegancia encajaban muy bien con el concepto de la tienda. Su trato amable, gran carisma y profunda visión de lo que querían, me hizo aceptar la propuesta. Sin duda ha sido una gran aventura que he disfrutado mucho. Por esa razón he vuelto a aceptar colaborar en más de una ocasión. Ahora, esta campaña para la apertura de El Palacio Polanco es el más reciente capítulo en esta historia. Espero pueda estar para la inauguración. Por supuesto que eso dependerá de mi salud. Hace dos meses me colocaron implantes de cadera y dos años atrás tuve un reemplazo de rodillas, así que no estoy físicamente en mi mejor momento, aunque eso no me impide seguir haciendo lo que me gusta.

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Icónica fotografía tomada por el legendario Richard Avedon en 1957, en París.

¿Habías visitado México antes de realizar las campañas para El Palacio?

¡Por supuesto! Solía vacacionar mucho en Acapulco. En aquella época, la bahía no estaba tan desarrollada como ahora. Había pocos hoteles en la playa, la mayoría eran casas privadas. Ahí aprendí esquí acuático a mediados de los cuarenta y la experiencia me gustó tanto que terminé entrenando para participar en los Juegos Olímpicos de 1948, como nadadora. ¿Puedes creerlo? [risas]. Soy una verdadera sirena.

Ahora, ¿dónde te gusta vacacionar y pasar tu tiempo libre?

En casa. ¿Qué te puedo decir? Viajo mucho por mi trabajo. En el momento en que tengo un rato de tranquilidad, prefiero pasarla en Nueva York, donde vivo.

¿Dónde encuentras toda esa energía que te permite subir y bajar a todos lados?

No la busco. Es un regalo, o una maldición, no estoy segura [risas]. Desde pequeña aprendí a “escuchar” a mi cuerpo y pongo atención a cualquier cosa que me dice. Si me pide descanso, se lo doy. Soy una mujer muy disciplinada, así fui educada y de esa manera crecí. Y no tengo duda de que eso me ha ayudado a tener grandes logros y posicionarme en esta industria de forma muy privilegiada.

¿Cuál crees que ha sido una de tus mayores virtudes en la vida?

Mi fortaleza y actitud ante ella. Fui atleta y bailarina de ballet de muy joven. Creo que mi genética me ha ayudado mucho. No he requerido de enormes cuidados para mantenerme en pie, firme. Aún hoy día, me alimento como si fuera un hombre corpulento [risas]. Y si no lo hago, no tengo energía. De niña tuve grandes retos que superar para salir adelante. No tuve la oportunidad de ir a una escuela de forma regular como la mayoría de los niños lo hacen. Mi madre y yo éramos demasiado pobres. Pero físicamente yo no lo era. Creo que simplemente fue un tipo de vida que me tocó vivir. Todos mis logros han sido reconocidos   en varias ocasiones, como cuando en 2011 recibí un doctorado Honoris Causa por parte de la University of Arts de Londres, por mi contribución al mundo de la moda. Ése ha sido, sin duda, uno de los mejores momentos de mi vida.

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Carmen ha participado en diversas campañas para El Palacio de Hierro. Aquí en 2013.

 

 

En todas las fotografías que has hecho a lo largo de tu carrera, ¿vemos a la misma Carmen o es siempre una diferente?

No lo sé. Creo que en los últimos 25 años hay una Carmen más identificable. Antes era mucho más “camaleónica”: tuve el cabello rojo, blanco, largo, corto. Entre más cambios, mejor. Finalmente, me adaptaba a las necesidades del fotógrafo o cliente. Ahora, es más complicado hacer esos cambios. Prefiero mantenerme como soy y, si como luzco en estos momentos de mi vida se adapta a tu escenario, puedes contratarme. Y si no te gusta, entonces probablemente no soy lo que buscas.

Eres una mujer con gran experiencia y muchas anécdotas para compartir. ¿Qué consejo le darías a nuestros lectores?

El mayor logro que pueden alcanzar es conocerse a sí mismos. A mí me tomó la mitad de mi vida para darme cuenta de quién soy realmente y eso ha hecho que hoy viva de forma verdaderamente plena y segura. Así es que, entre más pronto lo averigüen, mejor [risas].

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Carmen fue fotografiada por Dean Isidro para El Libro Amarillo Otoño-Invierno 2014/2015.

 

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